Diagnóstico y tratamiento
Amigdalitis Caseosa (Cáseos)
La amigdalitis caseosa (caseum) causa mal aliento y molestias en la garganta. Conozca los síntomas, las causas y el tratamiento con un otorrinolaringólogo.
La amigdalitis caseosa es una condición benigna caracterizada por la acumulación de pequeñas masas de color blanco amarillento en las amígdalas, conocidas como cáseos o caseum. No es propiamente una enfermedad ni una infección, pero puede causar bastante molestia y afectar la calidad de vida, principalmente por el mal aliento persistente y por la sensación de cuerpo extraño en la garganta. Es un hallazgo común: en las tomografías, los cáseos aparecen en cerca del 16% al 40% de las personas, aunque la mayoría son pequeños y no causan síntomas.
Qué son y por qué se forman los cáseos
Los cáseos se forman en las criptas amigdalinas, pequeños pliegues y cavidades naturales en la superficie de las amígdalas. En esas criptas quedan retenidas células descamadas, restos de alimento, moco y bacterias, que con el tiempo se compactan y, en parte, se calcifican. El término “caseum” viene del latín para “queso”, por la consistencia y la apariencia de estas formaciones.
Más que una piedrecilla inerte, el cáseo es un biofilm vivo, una colonia organizada de bacterias, en buena parte anaerobias, que se instala en la cripta. Son justamente esas bacterias las que producen el olor característico. Las amígdalas con criptas más profundas tienden a acumular más cáseos.
El cáseo no es lo mismo que una amigdalitis infecciosa
Conviene aclarar una confusión común. El cáseo es un proceso crónico y localizado, en general sin signos de infección aguda, y la mayoría de las veces no necesita antibiótico. En cambio, la amigdalitis bacteriana aguda cursa con dolor de garganta intenso, fiebre y placas de pus, y ahí sí puede exigir tratamiento con antibiótico. Reconocer esa diferencia evita el uso innecesario de medicación.
Síntomas
Los pacientes con cáseos amigdalinos con frecuencia presentan:
Los síntomas suelen ceder tras la salida del cáseo, pero tienden a volver en las personas predispuestas. Conviene recordar que la mayor parte del mal aliento tiene origen en la lengua y en las encías; las amígdalas son una causa reconocida, aunque menos frecuente. Por eso, cuando el mal aliento persiste, es importante evaluar también la boca.
- Mal aliento persistente, causado por la liberación de compuestos sulfurados volátiles (las sustancias con “olor a azufre”) por bacterias anaerobias presentes en los cáseos;
- Sensación de cuerpo extraño en la garganta, como si algo estuviera atascado;
- Eliminación de pequeñas bolitas blancas o amarillentas, con olor desagradable, al hablar, toser o estornudar;
- Molestia o leve dolor al tragar, sobre todo cuando los cáseos son más grandes;
- Mal sabor en la boca.
Causas y factores de riesgo
La formación de los cáseos está ligada a varios factores:
- Anatomía de las amígdalas: quien tiene criptas más profundas tiene mayor predisposición;
- Higiene oral inadecuada, que facilita la acumulación de bacterias y restos alimenticios;
- Boca seca, por bajo flujo de saliva o por medicamentos que resecan la boca (algunos antihipertensivos y antidepresivos, por ejemplo);
- Reflujo y alteraciones del pH de la boca;
- Infecciones respiratorias y alergias (rinitis, sinusitis), que aumentan la producción de moco;
- Tabaquismo y consumo de alcohol;
- Antecedentes de amigdalitis de repetición.
Diagnóstico
El diagnóstico es esencialmente clínico, realizado por el otorrinolaringólogo a partir de los síntomas y del examen de la garganta (oroscopia), que permite ver los cáseos directamente. Muchas veces, una leve presión sobre la amígdala durante el examen ya hace que el cáseo sea expulsado, confirmando el cuadro. Los exámenes complementarios en general no son necesarios. El paso importante es diferenciarla de los cuadros de amigdalitis aguda infecciosa, que vienen con inflamación activa y síntomas como fiebre.
Tratamiento
El tratamiento comienza siempre por las medidas más simples y es individualizado según la intensidad y la frecuencia de los síntomas.
Medidas conservadoras (primera línea). Son la base para los casos leves u ocasionales. Ayudan a controlar los síntomas y a reducir la frecuencia, pero es importante tenerlo claro: alivian, no curan, ya que el problema es anatómico y las criptas siguen ahí. Incluyen:
No se debe intentar retirar los cáseos hurgando con objetos, pues esto puede lastimar la mucosa y favorecer la inflamación. La evidencia científica de estas medidas es limitada, pero son seguras y suelen ser el primer paso.
Tratamiento quirúrgico (cuando lo conservador no basta). Cuando los cáseos son recurrentes, el mal aliento persiste a pesar de los cuidados y hay un impacto real en la calidad de vida, se puede considerar la cirugía. Como el problema es anatómico, y las criptas son el lugar donde se forma el cáseo, el tratamiento de elección es la amigdalectomía, es decir, la extracción de las amígdalas.
Existen varias técnicas para realizar esta cirugía, pero lo que realmente importa es la forma de manipulación de la cápsula amigdalina, una capa que separa la amígdala de los músculos y vasos de la faringe, y la cantidad de tejido que se retira. La página sobre amigdalectomía con radiofrecuencia detalla cómo se realiza cada técnica, el día de la cirugía, los riesgos y la recuperación de cada una.
Amigdalectomía intracapsular por radiofrecuencia. Retira el tejido amigdalino con las criptas y preserva la cápsula, la capa que separa la amígdala de los vasos y músculos de la faringe. Por no alcanzar esa capa más profunda, tiende a doler menos y a sangrar menos en el postoperatorio que la extracción completa (Sedgwick y colaboradores, 2023). En contrapartida, queda tejido amigdalino junto a la cápsula, y existe la posibilidad de regeneración y de que los cáseos vuelvan con el tiempo.
Amigdalectomía total (extracapsular). Retira el tejido y la cápsula. No queda amígdala, y por eso no hay recidiva por regeneración de tejido amigdalino. Un estudio que midió los compuestos sulfurados del aliento antes y después de la cirugía encontró una caída significativa de esos compuestos tras la amigdalectomía (Choi y colaboradores, 2018). En contrapartida, es la técnica con más dolor en el postoperatorio y mayor riesgo de sangrado, y por eso suele reservarse a los casos más intensos o refractarios.
La elección entre las dos no es automática. Pondera la intensidad de los síntomas, la frecuencia con la que vuelven los cáseos, el historial de amigdalitis, la edad y lo que cada persona está dispuesta a enfrentar de postoperatorio. Es un análisis que debe hacerse de forma individual, por un profesional especializado, tras una buena conversación y un examen detallado.
- buena higiene oral, con cepillado, hilo dental y limpieza de la lengua;
- gárgaras con agua tibia y sal y enjuagues bucales, que reducen temporalmente la carga bacteriana y el olor;
- buena hidratación a lo largo del día;
- desplazamiento cuidadoso de los cáseos visibles, preferiblemente con chorro de agua a baja presión.
Si los cáseos ya pasaron de ser una molestia ocasional y estás sopesando la cirugía, el paso que resuelve la duda es el examen de la garganta, que muestra la profundidad de tus criptas y el estado de tus amígdalas. Agendar una consulta y trae tu historial: desde hace cuánto aparecen, con qué frecuencia, si ya hubo amigdalitis de repetición y qué has intentado ya.
Cuándo buscar al otorrinolaringólogo
Conviene buscar evaluación cuando:
Por otro lado, los cáseos ocasionales y sin síntomas, muchas veces percibidos por casualidad, en general no exigen cirugía: bastan la observación y la higiene.
- el mal aliento persiste incluso con una buena higiene oral;
- los cáseos son frecuentes y molestos;
- hay dolor en la garganta o dificultad para tragar;
- los síntomas causan incomodidad social o profesional;
- las medidas conservadoras no traen mejora.
Prevención
No siempre es posible evitar por completo la formación de cáseos, pero algunas medidas ayudan a reducir su aparición:
En el consultorio del Dr. José Eduardo Marcondes, médico otorrinolaringólogo (CRM-SP 107.711 | RQE 43.840), usted encuentra una evaluación rigurosa y un plan individualizado para los cáseos amigdalinos, del control conservador a las opciones quirúrgicas cuando sean necesarias. Agende su consulta en los centros médicos de Itaim Bibi, Morumbi y Alphaville.
- mantener una buena higiene oral, con cepillado regular, hilo dental y limpieza de la lengua;
- hacer gárgaras con agua tibia y sal con regularidad;
- mantenerse bien hidratado a lo largo del día;
- evitar el tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol;
- tratar adecuadamente problemas respiratorios como la rinitis y la sinusitis;
- mantener un seguimiento odontológico regular.
Referencias
1. Bai KY, Kumar BV. Tonsillolith: A Polymicrobial Biofilm. Medical Journal Armed Forces India. 2012.
2. Choi KY, et al. Assessment of Volatile Sulfur Compounds in Adult and Pediatric Chronic Tonsillitis Patients Receiving Tonsillectomy. Clinical and Experimental Otorhinolaryngology. 2018.
3. Sedgwick J, Saunders C, Bateman N. Intracapsular Tonsillectomy Using Plasma Ablation Versus Total Tonsillectomy: A Systematic Review and Meta-Analysis. OTO Open. 2023.
4. ENT Scotland. Consensus Statement on the Management of Tonsil Stones. 2019.
Este contenido es informativo, no sustituye la consulta médica y no reemplaza la conducta definida por tu médico.
Preguntas frecuentes sobre Amigdalitis Caseosa
¿Qué son los cáseos amigdalinos?
Los cáseos son pequeñas acumulaciones blanquecinas o amarillentas que se forman en las cavidades naturales (criptas) de las amígdalas. Resultan del depósito de células descamadas, saliva, restos de alimento y bacterias, y funcionan como un biofilm, una colonia de bacterias que produce mal olor. Pueden causar molestias y mal aliento.
¿Qué causa la formación de cáseos en las amígdalas?
Suele estar relacionado con la anatomía de las amígdalas, sobre todo cuando hay criptas más profundas que favorecen la acumulación de material. La boca seca, la higiene oral inadecuada, el reflujo, las alergias respiratorias y los antecedentes de amigdalitis de repetición también contribuyen.
¿Los cáseos son peligrosos? ¿Es una infección?
No. El cáseo es una condición benigna, no es una infección aguda y en general no exige antibiótico. La principal molestia es el mal aliento y la sensación de cuerpo extraño. Es diferente de la amigdalitis bacteriana, que viene con fiebre, dolor intenso y placas de pus.
¿Puedo remover los cáseos en casa?
No se recomienda intentar retirar los cáseos con objetos, porque esto puede lastimar la garganta y favorecer la inflamación. Las medidas más seguras son una buena higiene oral, gárgaras, hidratación y, como mucho, desplazarlos con chorro de agua a baja presión. Si el problema es frecuente, consulte a un otorrinolaringólogo.
¿El mal aliento siempre es culpa de los cáseos?
No siempre. Los cáseos son una causa reconocida de mal aliento, pero la mayor parte de la halitosis tiene origen en la lengua y en las encías. Por eso, cuando el mal aliento persiste, es importante evaluar también la boca, y no solo las amígdalas.
¿Cuándo está indicada la cirugía de amígdalas para tratar los cáseos?
La cirugía puede considerarse cuando los cáseos son recurrentes, causan mal aliento persistente o molestia importante y no mejoran con las medidas conservadoras. La indicación es individualizada, teniendo en cuenta la frecuencia de los síntomas y el impacto en la calidad de vida.
¿Los cáseos pueden volver después del tratamiento?
Pueden, y eso depende de lo que se haya hecho. Las medidas conservadoras alivian pero no cambian la anatomía, así que los cáseos siguen formándose. La amigdalectomía intracapsular retira el tejido con las criptas, pero preserva la cápsula, y queda tejido junto a la cápsula, con posibilidad de regeneración del tejido amigdalino con el tiempo. La amigdalectomía total no deja amígdala atrás, y por eso no hay recidiva por regeneración de tejido amigdalino, y suele reservarse a los casos más intensos.
Dr. José Eduardo Marcondes, médico otorrinolaringólogo, CRM-SP 107.711, RQE 43.840. Este contenido es informativo, no sustituye la consulta médica y no reemplaza la conducta definida por tu médico.
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