La apnea obstructiva del sueño suele asociarse a la imagen del “hombre que ronca fuerte”. Esa imagen tiene algo de verdad, pero cuenta solo la mitad de la historia. La apnea también ocurre en mujeres y, con frecuencia, pasa inadvertida justamente porque se manifiesta de una manera distinta de la esperada. Entender estas diferencias ayuda tanto a quien convive con alguien que ronca como a quien siente cansancio y duerme mal sin saber la causa.
El objetivo de este artículo sobre apnea del sueño en hombres y mujeres es educativo: mostrar cómo se comporta la enfermedad en cada sexo, por qué está infradiagnosticada en las mujeres y qué cambia (y qué no) a la hora de investigarla y tratarla.

Qué es la apnea obstructiva del sueño
Durante el sueño, la musculatura de la garganta se relaja. En quienes tienen la vía aérea más estrecha o los tejidos más flácidos, esa relajación puede cerrar de forma temporal el paso del aire, interrumpiendo la respiración durante algunos segundos, varias veces por noche. Cada pausa hace que el cerebro reaccione con un microdespertar para volver a respirar. El sueño se fragmenta, el cuerpo no descansa de verdad y el oxígeno en la sangre oscila a lo largo de la noche.
Esta es la apnea obstructiva del sueño. Afecta a hombres y mujeres, pero la forma de aparecer, de percibirse e incluso de diagnosticarse cambia según el sexo.

Prevalencia y epidemiología: más común en hombres, pero no rara en mujeres
La apnea es, en efecto, más frecuente en los hombres. Uno de los estudios poblacionales de referencia, la cohorte del sueño de Wisconsin, encontró trastornos respiratorios del sueño (definidos por un índice de apneas e hipopneas por hora de sueño igual o mayor que 5) en cerca del 24% de los hombres y del 9% de las mujeres de mediana edad. La proporción clásica descrita es de aproximadamente 2 a 3 hombres por cada mujer en la población general.
Pero ese número esconde una trampa. En las consultas y los laboratorios del sueño, durante mucho tiempo la proporción parecía aún mayor (llegaba a describirse como 8 o 10 hombres por cada mujer), no porque las mujeres enfermen tanto menos, sino porque se las derivaba con mucha menos frecuencia para su estudio. En otras palabras: parte de la diferencia entre los sexos no es biológica, es de diagnóstico.
Hay además un factor que lo cambia todo a lo largo de la vida de la mujer: la menopausia. Antes de ella, el riesgo femenino es más bajo. Después, la prevalencia sube de forma notable y se acerca a la observada en los hombres. La apnea, por lo tanto, no es una enfermedad “de hombres”, sino una enfermedad que se distribuye de manera diferente entre los sexos y a lo largo del tiempo.
Causas: por qué los hombres tienden a tener más
Las diferencias empiezan en la anatomía y la fisiología.
- Distribución de la grasa. Los hombres tienden a acumular grasa en la zona del cuello y del abdomen (el patrón androide), lo que aumenta la presión sobre la vía aérea y el esfuerzo para respirar acostados.
- Forma y longitud de la vía aérea. La vía aérea masculina suele ser más larga y más propensa al colapso durante el sueño.
- Protección hormonal femenina. Antes de la menopausia, las hormonas femeninas (en especial la progesterona y el estrógeno) ayudan a mantener el estímulo respiratorio y el tono de los músculos que sostienen la garganta. Esto funciona como una protección parcial. Con la caída hormonal de la menopausia, esa protección disminuye y el riesgo aumenta.
En las mujeres entran además otros desencadenantes: el aumento de peso, el síndrome de ovario poliquístico y el propio embarazo, un período en el que los cambios hormonales y anatómicos pueden favorecer la aparición o el empeoramiento de la apnea. En ambos sexos, la obstrucción nasal (por desviación del tabique nasal, cornetes aumentados o rinitis) y el exceso de peso suelen participar en el problema.
Síntomas: la misma enfermedad, dos retratos diferentes
Aquí está quizá la diferencia más importante de la apnea del sueño en hombres y mujeres en la práctica.
En el hombre, la apnea suele presentarse con el retrato “clásico”, el que la mayoría de las personas reconoce:
- ronquido fuerte y persistente;
- pausas en la respiración que percibe quien duerme a su lado;
- somnolencia diurna excesiva (quedarse dormido en reuniones, en el tránsito, al leer).
En la mujer, los síntomas tienden a ser menos típicos y, por eso, más fáciles de confundir con otras condiciones:
- cansancio y falta de energía (más que “sueño” propiamente dicho);
- insomnio o sueño que no descansa;
- dolor de cabeza al despertar;
- cambios de ánimo, como ansiedad y síntomas depresivos;
- dificultad de concentración y de memoria.
El ronquido existe en las mujeres, pero suele describirse como más leve, y las pausas en la respiración se notan con menos frecuencia. El resultado es que la queja que lleva al diagnóstico muchas veces no aparece.

La forma de expresar los síntomas también cambia
No es solo el cuerpo el que se comporta de modo diferente: también la manera de contar lo que se siente. Muchas mujeres no relatan el ronquido de forma espontánea, ya sea porque duermen solas y nadie las observa, ya sea por un pudor social todavía asociado al ronquido femenino. Y, cuando describen el malestar, tienden a usar palabras como “cansancio”, “agotamiento” o “estrés”, en lugar de “sueño durante el día”.
Del otro lado, el hombre a menudo llega a la consulta traído por la queja de quien comparte la cama: son el ronquido fuerte y las pausas en la respiración los que disparan la búsqueda de ayuda. Esa diferencia en la forma de relatar hace que la apnea masculina se “vea” con más facilidad y la femenina permanezca en silencio durante más tiempo.
Impactos en la vida y en la salud
La apnea no tratada va mucho más allá del sueño de mala calidad. En ambos sexos, se asocia a un mayor riesgo de hipertensión, arritmias, enfermedades cardiovasculares, alteraciones metabólicas y peor calidad de vida.
En las mujeres, algunos aspectos merecen atención especial. Los síntomas de ánimo y de fatiga tienden a pesar bastante en el día a día y en la percepción de bienestar. Y, durante el embarazo, la apnea se asocia a un mayor riesgo de complicaciones como hipertensión gestacional, preeclampsia y diabetes gestacional, lo que refuerza la importancia de investigar el sueño también en ese período.
En los hombres, el diagnóstico más temprano es una ventaja, pero la somnolencia diurna trae riesgos concretos, como accidentes de tránsito y de trabajo, además del impacto en el rendimiento y en la relación de pareja.
Cómo suele afrontar la enfermedad cada sexo
Por ser derivadas menos y más tarde, muchas mujeres pasan años con síntomas atribuidos a depresión, hipotiroidismo, anemia, fibromialgia o “cosas de la menopausia” antes de que se plantee la apnea. Este retraso en el diagnóstico es uno de los puntos más importantes que corregir.
En los hombres, el camino hasta el diagnóstico suele ser más corto, sobre todo cuando hay una pareja que percibe el ronquido y las pausas. Una vez diagnosticados, hombres y mujeres pueden tener facilidades y dificultades diferentes en la adherencia al tratamiento, y por eso el seguimiento cercano, ajustando lo que sea necesario, marca la diferencia en el resultado.
El mensaje práctico es simple: el cansancio crónico, el sueño que no descansa, el dolor de cabeza matinal y los cambios de ánimo merecen un estudio del sueño, incluso sin el ronquido estruendoso del retrato clásico.
Diagnóstico: el mismo examen, con la mirada atenta a las diferencias
El diagnóstico no cambia de examen según el sexo, pero exige atención para no dejar pasar por alto la apnea femenina. La evaluación suele incluir:
- una conversación detallada sobre el sueño, los síntomas y los hábitos;
- la exploración de las vías aéreas, muchas veces con endoscopia nasal, para verificar si hay un componente nasal que estorba;
- cuando está indicada, la polisomnografía (el “estudio del sueño”), que confirma el diagnóstico y clasifica la gravedad.
Vale un cuidado adicional: en las mujeres, la apnea tiende a concentrarse en determinadas fases del sueño (como el sueño REM) y en ciertas posiciones, y el índice de eventos por hora puede ser más bajo, aunque los síntomas sean importantes. Por eso, el número aislado del examen debe interpretarse siempre junto con el cuadro clínico de la persona.

Tratamiento de la apnea del sueño en hombres y mujeres: mismos principios, ajuste individual
Las opciones de tratamiento son, en general, las mismas para hombres y mujeres, y la elección depende de la gravedad, la anatomía y el estilo de vida de cada uno:
- CPAP: el equipo de presión positiva continua sigue siendo el tratamiento más consolidado para la apnea moderada a grave, en ambos sexos.
- Dispositivo intraoral y terapia posicional: útiles en casos seleccionados, sobre todo cuando la apnea es más leve, posicional o está concentrada en el sueño REM, un patrón común en las mujeres.
- Tratar la nariz: cuando la obstrucción nasal es parte del problema, la septoplastia y la turbinoplastia pueden mejorar la respiración y ayudar incluso en la adherencia al CPAP.
- Láser: para el ronquido y la apnea leve a moderada, el láser Fotona (protocolo NightLase) puede ser una alternativa no quirúrgica. Se realizan de 3 a 4 sesiones en consultorio, con buenos resultados en casos seleccionados.
- Cirugía: en algunos casos, la cirugía, como la septoplastia, la faringoplastia robótica (TORS) o la faringoplastia con sutura barbada, puede ser una opción de tratamiento en pacientes con alteraciones anatómicas favorables.
- Cambios de hábitos: el control del peso y la atención al alcohol por la noche y al sueño también forman parte del tratamiento, sea cual sea el sexo.
En las mujeres, conviene además considerar el momento de la vida (la menopausia y el embarazo, por ejemplo) a la hora de definir la mejor estrategia. En todos los casos, el objetivo es el mismo: tratar la causa de la obstrucción, y no solo silenciar el ronquido.
Preguntas frecuentes
¿La apnea del sueño es cosa solo de hombres?
No. La apnea es más frecuente en los hombres, pero también ocurre en las mujeres, especialmente después de la menopausia. Buena parte de la diferencia observada viene del hecho de que la enfermedad se investiga menos en las mujeres, y no solo de que ellas enfermen menos.
¿Por qué la apnea es más difícil de diagnosticar en las mujeres?
Porque los síntomas suelen ser menos típicos: cansancio, insomnio, dolor de cabeza al despertar y cambios de ánimo, en lugar del ronquido fuerte con pausas. Estas señales se confunden con facilidad con depresión, estrés o síntomas de la menopausia, lo que retrasa el diagnóstico.
¿Roncar poco significa que no tengo apnea?
No necesariamente. El ronquido puede ser leve o poco percibido, sobre todo en mujeres, y aun así haber apnea. Si hay cansancio persistente, sueño que no descansa o somnolencia, conviene investigar.
¿La menopausia aumenta el riesgo de apnea?
Sí. Con la caída de las hormonas femeninas, la protección parcial contra la apnea disminuye, y la prevalencia en la mujer sube, acercándose a la observada en los hombres.
¿La apnea en el embarazo es motivo de preocupación?
Puede serlo. La apnea en la gestación se asocia a un mayor riesgo de hipertensión gestacional, preeclampsia y diabetes gestacional. Los síntomas de sueño en el embarazo merecen evaluación.
¿El tratamiento es diferente para hombres y mujeres?
Los principios son los mismos (CPAP, tratar la nariz, dispositivo intraoral, cambios de hábitos, láser o cirugía en casos seleccionados). Lo que cambia es el ajuste individual, considerando la anatomía, la gravedad, el patrón del sueño y el momento de la vida de cada persona.
Vale la pena hablar sobre tu caso
Si tú (o alguien cercano) tienes un cansancio que no pasa, sueño que no descansa, ronquido o pausas en la respiración, el primer paso es una evaluación que entienda el origen del problema. La apnea del sueño tiene tratamiento, y reconocer que la apnea del sueño en hombres y mujeres se manifiesta de formas diferentes es parte de llegar al diagnóstico correcto.
El Dr. José Eduardo Marcondes es MÉDICO otorrinolaringólogo (CRM SP 107711 | RQE 43840), con actuación en cirugía nasal y en el tratamiento del ronquido y de la apnea del sueño, atendiendo en Morumbi e Itaim (São Paulo) y en Alphaville (Barueri). Si tiene sentido para ti, agenda una consulta para conversar sobre tu caso.
Referencias
- Young T, Palta M, Dempsey J, Skatrud J, Weber S, Badr S. The occurrence of sleep-disordered breathing among middle-aged adults. New England Journal of Medicine. 1993;328(17):1230-1235. doi:10.1056/NEJM199304293281704.
- Bonsignore MR, Saaresranta T, Riha RL. Sex differences in obstructive sleep apnoea. European Respiratory Review. 2019;28(154):190030. doi:10.1183/16000617.0030-2019.
- Lin CM, Davidson TM, Ancoli-Israel S. Gender differences in obstructive sleep apnea and treatment implications. Sleep Medicine Reviews. 2008;12(6):481-496. doi:10.1016/j.smrv.2007.11.003.
Este contenido es informativo y no sustituye la consulta médica.









