Doctor, ¿de verdad mi hijo tiene que ponerse ese tubito?

Si ya pasaste noches sin dormir cargando a tu hijo mientras lloraba de dolor de oído, y después notaste que, incluso sin dolor, no parecía escuchar bien, subía el volumen de la televisión o vivía distraído en la escuela, conoces de cerca la angustia que te trae hasta esta pregunta. Cuando las otitis vuelven una y otra vez, o cuando queda líquido atrapado detrás del tímpano por mucho tiempo, el otorrino puede sugerir la colocación de un tubo de ventilación, también llamado tubo de timpanostomía. Reuní aquí las preguntas que más escucho en la consulta, junto con lo que la ciencia muestra hoy, para que entiendas por qué, cuándo y si ese “tubito” tiene sentido para tu hijo. Adelanto algo que suele tranquilizar: en la mayoría de los casos el tratamiento es clínico o expectante, y no todo niño que tiene otitis va a necesitar el tubo. Esa sensación de oído tapado también aparece, de forma pasajera, en los viajes en avión.

Primero, entiende qué resuelve el tubito (y qué no resuelve)

El objetivo del tratamiento es el líquido atrapado en el oído medio, el espacio detrás del tímpano. Puede acumularse después de una infección (la llamada otitis media con efusión, cuando hay líquido sin infección activa) o venir junto con infecciones que se repiten. Mientras ese líquido está ahí, el tímpano vibra mal y el sonido llega apagado, como si el niño tuviera el oído tapado. De ahí la pérdida de audición, el zumbido y, a veces, la dificultad de equilibrio. La otitis de repetición es una causa común de pérdida de audición en niños.

Vale ponerlo en perspectiva, porque asusta menos cuando se conoce el cuadro completo. El líquido en el oído es común y, la mayoría de las veces, desaparece solo: cerca de 9 de cada 10 niños tienen al menos un episodio antes de los 5 años, la mitad se resuelve en hasta 3 meses y cerca del 95 % en un año (AAO-HNS, 2016). Por eso el tubo no es para todo líquido que aparece. Entra en escena cuando el líquido insiste en quedarse y empieza a afectar la audición, o cuando las crisis de otitis son demasiado frecuentes. Lo que el tubo hace es drenar ese líquido y ventilar el oído, equilibrando la presión. Lo que no hace es curar la alergia, la adenoide agrandada o el resfriado que están detrás del problema; para la causa, el tratamiento es otro.

Entonces, ¿cuándo está realmente indicado el tubo?

Dos situaciones concentran la indicación, y en ambas el examen del oído pesa más que el conteo de infecciones por sí solo:

  • Líquido que persiste. Otitis media con efusión en ambos oídos por tres meses o más, con dificultad de audición documentada, es la indicación mejor establecida (AAO-HNS, 2022). Cuando hay señales de impacto en el habla, el aprendizaje o el comportamiento, la indicación es más fuerte.
  • Otitis de repetición, con una salvedad importante. Se considera otitis de repetición cuando hay tres o más episodios en seis meses, o cuatro en un año. El tubo se indica sobre todo cuando todavía hay líquido en el oído en el examen realizado entre las crisis; si el oído queda completamente seco en ese período, las directrices actuales no recomiendan el tubo solo por el conteo de infecciones (AAO-HNS, 2022).

¿Por qué esa cautela? Porque un ensayo aleatorizado publicado en 2021 comparó colocar el tubo con mantener el tratamiento clínico en niños con otitis de repetición y no encontró diferencia en el número de nuevas otitis a lo largo de dos años (1,48 frente a 1,56 episodios por niño/año). El tubo sí tuvo una ganancia: aumentó el tiempo hasta la siguiente infección (cerca de 4,3 frente a 2,3 meses) (Hoberman, 2021). Es decir, la decisión no es automática. Pesa el conjunto: audición, presencia de líquido, frecuencia de las crisis y cuánto todo eso afecta el sueño, el habla y la escuela de tu hijo.

Fuera de estas situaciones, cuando el líquido es reciente (menos de tres meses) y la audición está preservada, la conducta suele ser observar, porque la probabilidad de que se resuelva solo es alta.

¿Cómo es la cirugía? ¿Y la anestesia es segura?

Con la ayuda de un endoscopio, el médico hace una pequeña abertura en la membrana del tímpano, aspira el líquido e inserta el tubito, que funciona como una válvula, dejando entrar el aire y salir el líquido. Suele durar de 10 a 15 minutos por oído, y en la mayoría de los casos el niño vuelve a casa el mismo día.

La pregunta que más preocupa a los padres casi nunca es sobre el tubo, sino sobre la anestesia. En niños usamos anestesia general, y el temor es natural. Vale saber que un gran estudio internacional aleatorizado siguió a niños que recibieron menos de una hora de anestesia general siendo bebés y no encontró diferencia en el desarrollo neurológico a los 5 años en comparación con quienes no la recibieron (GAS, McCann, 2019). Es una cirugía corta, realizada por un equipo habituado a operar niños, y ese dato suele dar tranquilidad a la familia.

¿Va a doler? ¿Cómo es el postoperatorio?

Durante la cirugía, gracias a la anestesia, no hay dolor. Después, es común una leve molestia o una secreción fina saliendo por el oído en los primeros días, pero nada que suela quitar el sueño o impedir el juego. Para la comodidad, indicamos un analgésico simple. Si aparece secreción, el tratamiento es local, con gotas óticas; en la mayoría de los casos no es necesario antibiótico por vía oral (AAO-HNS, 2022). En pocos días la sensación extraña desaparece y muchas familias notan, de entrada, que el niño vuelve a responder cuando lo llaman. Cuando el líquido sale, la audición mejora.

Agua en el oído: lo que realmente cambió

Este es el punto que más dudas genera, porque la orientación cambió. Durante muchos años se pidió protección rigurosa contra el agua, con algodón, tapones y gorro en cada baño y en cada piscina. Las directrices más recientes revisaron esta conducta: para la mayoría de los niños con tubo, no es necesaria protección de rutina para el baño común ni para nadar en agua limpia y tratada (AAO-HNS, 2022). Los estudios mostraron que la protección sistemática no redujo de forma relevante la probabilidad de secreción.

La protección queda reservada para situaciones específicas, como bucear en profundidad, nadar en agua de lago o poco tratada, sumergir la cabeza en un baño con jabón, o cuando el propio niño siente molestia con la entrada de agua. Como cada caso tiene sus particularidades, tu otorrino orientará lo que se aplica a tu hijo. La buena noticia práctica es que, la mayoría de las veces, la rutina de baño y piscina sigue casi normal.

Cuánto tiempo permanece el tubo y qué esperar del resultado

El tubito suele permanecer en promedio cerca de 12 meses, hasta que la membrana cicatriza a su alrededor. Cuando llega el momento, el propio organismo lo expulsa de forma natural, sin necesidad de otra cirugía, y el pequeño orificio cierra solo en la gran mayoría de los casos. Por eso las consultas de seguimiento son importantes: confirman que la salida ocurrió bien y que el tímpano está sano.

Sobre el resultado, la audición suele mejorar rápido, y las revisiones de estudios muestran una ganancia clara a corto y mediano plazo (MacKeith, 2023).

En algunos casos, cuando no hay mejora completa, es necesaria una nueva colocación del tubo. Los principales factores de riesgo para esto son la caída precoz del tubo, alteraciones craneofaciales, edad más baja y algunas condiciones clínicas, como la otitis media aguda recurrente (Goel, 2021). Un factor que reduce la probabilidad de una nueva cirugía es la adenoidectomía realizada junto con la colocación del tubo, sobre todo en niños a partir de los 4 años (Qian, 2025); en un metaanálisis, la adenoidectomía concomitante redujo a cerca de la mitad la probabilidad de necesitar nuevos tubos (Goel, 2021).

Riesgos y secuelas, con números

Se trata de un procedimiento de bajo riesgo, pero, como toda cirugía, tiene posibles complicaciones. Los números ayudan a dimensionar (Kay, Nelson y Rosenfeld, 2001):

  • Secreción por el oído (otorrea): es la más común, en torno al 16 % en el postoperatorio inmediato, casi siempre resuelta con gotas óticas.
  • Cicatriz en el tímpano (timpanoesclerosis): aparece en cerca de un tercio de los casos tras la salida del tubo, pero suele ser solo una marca, sin efecto perceptible en la audición.
  • Perforación que no cierra sola: es poco frecuente con los tubos de corta permanencia (cerca del 2 %) y más frecuente con los de larga permanencia; cuando ocurre, puede corregirse con una pequeña reparación.
  • Colesteatoma: muy raro (por debajo del 1 %).

El tubo también puede obstruirse o salir antes de tiempo, situaciones que se acompañan en consulta, en las que el médico decide si es necesario recolocarlo.

¿Existen alternativas al tubo?

Sí, y forman parte de la conversación. Cuando el líquido es reciente y la audición está bien, la mejor conducta suele ser esperar y reevaluar, porque la probabilidad de resolución espontánea es alta. Tratar lo que está detrás del cuadro ayuda: controlar la rinitis alérgica, cuidar los resfriados de repetición y evaluar la adenoide. En algunos niños, sobre todo a partir de los 4 años o cuando hay síntomas de adenoide, retirar la adenoide junto con la colocación del tubo reduce la probabilidad de nuevos episodios (AAO-HNS, 2022). Los antibióticos tienen un papel en el tratamiento de las crisis agudas, pero no se recomiendan como prevención continua. Qué camino tiene sentido depende del examen, de la audición y de la historia de tu hijo.

Al final, la decisión sobre el tubito es compartida entre tú y el médico, mirando la audición, la frecuencia de las crisis y el impacto en el día a día del niño. Cuando está bien indicado, devuelve una buena audición, mejora el sueño y la disposición, e interrumpe un ciclo de crisis que perjudica justamente la fase de aprender a hablar y convivir. Si aún queda alguna duda, agenda una conversación para evaluar el caso con calma. En el consultorio del Dr. José Eduardo Marcondes, médico otorrinolaringólogo (CRM SP 107711 | RQE 43840), la orientación es siempre individualizada, para que decidas con seguridad e información.

Ilustración de un tubo de ventilación (timpanostomía) colocado en el tímpano de un niño

Preguntas frecuentes

¿Mi hijo puede nadar y bañarse con el tubo?

En la mayoría de los casos, sí, sin protección de rutina para el baño común ni para nadar en agua limpia y tratada. Las directrices actuales ya no recomiendan tapones y gorro para todos los niños (AAO-HNS, 2022). La protección queda reservada para situaciones específicas, como bucear en profundidad o agua poco tratada, y tu otorrino orienta lo que se aplica a tu caso.

¿La cirugía duele? ¿Y la anestesia general es segura?

Durante el procedimiento no hay dolor, por la anestesia. Es una cirugía corta, de pocos minutos por oído. Sobre la anestesia general, un gran estudio aleatorizado mostró que menos de una hora de anestesia al inicio de la vida no alteró el desarrollo neurológico de los niños a los 5 años (GAS, McCann, 2019).

¿El tubo se cae solo? ¿Se necesita otra cirugía para retirarlo?

En general el tubo permanece cerca de 12 meses y el organismo lo expulsa de forma natural, sin nueva cirugía. Lo importante es mantener las consultas de seguimiento para confirmar la salida y revisar el tímpano.

Una vez colocado, ¿resuelve para siempre?

Suele resolver las crisis y la pérdida de audición de ese período. Pero una parte de los casos necesita un segundo tubo más adelante, sobre todo cuando el tubo se cae pronto, en el niño más pequeño o cuando hay alteraciones craneofaciales. Esto es esperable y no significa que algo salió mal.

¿Toda otitis necesita tubo?

No. La mayoría de los episodios de líquido en el oído se resuelve sola en semanas a meses. El tubo se considera cuando el líquido persiste y afecta la audición, o cuando las infecciones se repiten con líquido presente en el examen.

¿Existe alternativa antes de operar?

Sí: observar y reevaluar cuando el cuadro es reciente, tratar la rinitis alérgica y evaluar la adenoide. En casos seleccionados, retirar la adenoide junto con el tubo ayuda a reducir recidivas. La elección depende de la evaluación individual.

Referencias

  1. American Academy of Otolaryngology–Head and Neck Surgery Foundation. Clinical Practice Guideline: Tympanostomy Tubes in Children (Update). Otolaryngology–Head and Neck Surgery. 2022;166(1_suppl):S1-S55.
  2. Rosenfeld RM, et al. Clinical Practice Guideline: Otitis Media with Effusion (Update). Otolaryngology–Head and Neck Surgery. 2016;154(1_suppl):S1-S41.
  3. Hoberman A, et al. Tympanostomy Tubes or Medical Management for Recurrent Acute Otitis Media. New England Journal of Medicine. 2021;384(19):1789-1799.
  4. MacKeith S, et al. Ventilation tubes (grommets) for otitis media with effusion (OME) in children. Cochrane Database of Systematic Reviews. 2023;(11):CD015215.
  5. Kay DJ, Nelson M, Rosenfeld RM. Meta-analysis of tympanostomy tube sequelae. Otolaryngology–Head and Neck Surgery. 2001;124(4):374-380.
  6. Goel AN, Omorogbe A, Hackett A, Rothschild MA, Londino AV 3rd. Risk Factors for Multiple Tympanostomy Tube Placements in Children: Systematic Review and Meta-Analysis. The Laryngoscope. 2021;131(7):E2363-E2370.
  7. Qian ZJ, Truong MT, Alyono JC, Valdez T, Chang K. Tympanostomy Tube Insertion With and Without Adenoidectomy. JAMA Otolaryngology–Head & Neck Surgery. 2025;151(1):40-46.
  8. McCann ME, et al. Neurodevelopmental outcome at 5 years of age after general anaesthesia or awake-regional anaesthesia in infancy (GAS). The Lancet. 2019;393(10172):664-677.

Este contenido es informativo y no sustituye la consulta médica.

Sobre el autor

Dr. José Eduardo Marcondes

Médico Otorrinolaringólogo · CRM-SP 107.711 · RQE 43.840

Formado y con residencia en la Escola Paulista de Medicina (UNIFESP), con más de dos décadas de experiencia. Pionero en el uso de la cirugía robótica (TORS) para la apnea del sueño. Miembro del cuerpo clínico del Hospital Albert Einstein, Vila Nova Star y São Luiz. Miembro de la ABORL-CCF.

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