Si ya has pasado noches en vela cargando a tu hijo porque no deja de llorar de dolor de oído, conoces bien la angustia de verlo con la audición afectada y alejado de los juegos mientras toma medicamentos sin notar mejoría. En estos casos, el otorrino puede sugerir la colocación de un tubo de ventilación, también llamado tubo de timpanostomía, y es natural que surjan muchas dudas. A continuación, respondo las preguntas más frecuentes para que entiendas de una vez por qué este “tubito” puede ser la mejor solución.
¿Por qué se recomienda la cirugía?
Cuando el oído medio se llena de líquido, incluso sin una infección activa, el niño puede presentar pérdida de audición, zumbido, sensación de oído “tapado” e incluso cierta dificultad para mantener el equilibrio. Y cuando las crisis de otitis vuelven una y otra vez – tres o más episodios en seis meses, por ejemplo – existe el riesgo de que se vea afectado el desarrollo del habla, la atención en la escuela e incluso el comportamiento. Colocar el tubo permite drenar ese líquido y equilibrar la presión, ayudando a evitar nuevos episodios y permitiendo que tu hijo oiga y se desarrolle con tranquilidad.
¿Cómo se realiza la cirugía y cuánto tiempo dura?
El procedimiento es sencillo y rápido. Bajo anestesia general (en niños) o local (en adultos), el médico hace una pequeña abertura en la membrana del tímpano con ayuda de un microscopio o un endoscopio. Luego inserta el tubito, que funciona como una válvula, permitiendo la entrada de aire y la salida de cualquier líquido. En promedio, lleva de 15 a 30 minutos por oído. En la mayoría de los casos, el paciente vuelve a casa el mismo día, sin necesidad de una hospitalización prolongada.
¿No va a doler? ¿Mi hijo sentirá dolor después de la cirugía?
Durante la cirugía, gracias a la anestesia, no hay dolor. Después, es común que aparezca una leve molestia o una secreción fina que sale por el oído, pero por lo general nada que le quite el sueño al niño ni le impida jugar. Para mantener el confort, recomendamos un analgésico suave y explicamos cómo aplicar compresas tibias si es necesario. En unos pocos días, cualquier sensación extraña desaparece.
¿Cuánto tiempo permanece el tubo en su lugar y qué pasa cuando se cae?
Por lo general, el tubo permanece entre seis y doce meses, hasta que la membrana cicatriza a su alrededor. Cuando llega el momento, el propio organismo expulsa el tubito de forma natural, sin necesidad de otra cirugía. Es importante acudir a las consultas de seguimiento para confirmar que la salida ocurrió correctamente y verificar la salud del tímpano. Si, por casualidad, el tubo se cae antes de lo previsto y todavía hay líquido en el oído, el médico evalúa si es necesario volver a colocarlo.
¿Qué cuidados debo tener en casa?
Evitar que entre agua en el oído es el cuidado principal. En el baño, usa algodón embebido en aceite mineral o vaselina para crear un sellado suave. Prefiere baños más cortos y sin chorros directos de agua. Para nadar, opta por un gorro de natación ajustado o por tapones para los oídos recomendados por el médico. No hay restricciones alimentarias ni de actividades fuera del agua: tu hijo puede correr, saltar y jugar con normalidad.
¿Cuáles son los riesgos y complicaciones?
Se trata de un procedimiento de bajo riesgo, pero como toda cirugía, puede presentar algunas complicaciones. La más común es la otorrea, una secreción a través del tubo, que suele controlarse fácilmente con gotas o pomada antibiótica. En raras ocasiones, el tubo puede obstruirse, desplazarse hacia el interior del oído medio o dejar una pequeña perforación al ser expulsado. Estas situaciones se controlan en consulta, y el médico decide si es necesario intervenir nuevamente.
¿Existen alternativas al tubo de ventilación?
En algunos casos leves, la espera vigilante junto con antibióticos y descongestionantes puede funcionar, pero cuando el líquido no cede o las infecciones se repiten muchas veces al año, el tubito suele aportar un mayor beneficio. Esta cirugía menor tiende a ofrecer resultados más consistentes y reduce el uso de medicamentos y el riesgo de efectos secundarios.
Al final, colocar el tubito es una inversión en la salud y el bienestar de tu hijo. Vuelve a oír bien, duerme mejor y recupera la energía para jugar y aprender sin limitaciones. Si aún te queda alguna duda, agenda una conversación con tu otorrino para resolverlas todas. Con la orientación adecuada, te sentirás seguro para dar este paso y ver a tu pequeño libre de las crisis de oído de una vez por todas.
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Sobre el autor
Dr. José Eduardo Marcondes
Médico Otorrinolaringólogo · CRM-SP 107.711 · RQE 43.840
Formado y residente en la Escola Paulista de Medicina (UNIFESP), con más de dos décadas de experiencia. Pionero en el uso de la cirugía robótica (TORS) para la apnea del sueño. Miembro del cuerpo clínico del Hospital Albert Einstein, Vila Nova Star y São Luiz. Miembro de la ABORL-CCF.
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