Dr. José Eduardo Marcondes

Categoría: Niños

Adenoides, amígdalas, otitis y audición en la infancia — qué deben observar los padres y cuándo operar.

  • Adenoides y amígdalas agrandadas en el niño: cuándo es momento de operar

    Adenoides y amígdalas agrandadas en el niño: cuándo es momento de operar

    Pocas decisiones generan en los padres tanta inseguridad como la posibilidad de que el hijo pase por una cirugía. Si llegaste hasta aquí después de noches escuchando roncar a tu hijo, de verlo dormir con la boca abierta o tras un nuevo episodio de dolor de garganta, es natural sentir esa mezcla de preocupación y duda: “¿de verdad hace falta operar?”.

    La buena noticia es que esta decisión no tiene por qué tomarse a ciegas. Existen criterios bien establecidos, basados en guías médicas, que ayudan a separar los casos en los que conviene observar y esperar de aquellos en los que la cirugía tiende a aportar un beneficio real. Este texto explica, en lenguaje sencillo, qué son las adenoides y las amígdalas, por qué se agrandan, qué señales merecen atención y cómo el otorrinolaringólogo llega a la conclusión de operar o no.

    La idea es darte información de calidad para que converses con más tranquilidad en la consulta y entiendas mejor lo que le ocurre a tu hijo.

    Niño durmiendo con la boca abierta, posible señal de adenoides o amígdalas agrandadas

    ¿Qué son las adenoides y las amígdalas?

    Las adenoides y las amígdalas son tejidos de defensa, formados por células del sistema inmunitario. Funcionan como una especie de “puesto de vigilancia” en la entrada de las vías respiratorias, y ayudan al cuerpo a reconocer virus y bacterias, sobre todo en los primeros años de vida.

    • Amígdalas (o amígdalas palatinas): están a los lados de la garganta. Son esas dos “bolitas” que se ven cuando el niño abre bien la boca.
    • Adenoides (o amígdala faríngea): están más ocultas, en el fondo de la nariz, detrás del paladar. No se ven a simple vista en una consulta común, por eso muchos padres nunca las han visto. Son como una tercera amígdala en el fondo de la nariz.
    Ilustración de la ubicación de las adenoides en el fondo de la nariz y de las amígdalas en la garganta del niño

    Aunque forman parte del sistema de defensa, el cuerpo cuenta con muchos otros mecanismos inmunitarios. Por eso, cuando la cirugía es necesaria, la extracción de estos tejidos no deja al niño “sin defensas”, como suele temerse.

    ¿Por qué se agrandan las adenoides y las amígdalas?

    Es común que estos tejidos crezcan de forma natural en los primeros años de vida, justo en la etapa en que el niño tiene más contacto con virus y bacterias (guardería, escuela, hermanos mayores). Ese aumento muchas veces es temporal y tiende a disminuir con el crecimiento.

    El problema aparece cuando el aumento es lo bastante grande como para dificultar la respiración y el sueño, o cuando las amígdalas se infectan de forma repetida. Algunos niños tienen una tendencia individual a tener estos tejidos más grandes; las alergias respiratorias y las infecciones de repetición también pueden contribuir.

    Conviene separar dos escenarios que suelen confundirse en la mente de los padres:

    1. Tamaño aumentado que obstruye (adenoides o amígdalas grandes que dificultan respirar y dormir).
    2. Infecciones de repetición (amigdalitis frecuentes), que son un problema diferente, aunque a veces aparezcan en el mismo niño.

    Los criterios para considerar la cirugía son diferentes en cada uno de estos escenarios, como verás más adelante.

    ¿Qué señales en los hijos merecen la atención de los padres?

    Las señales varían según qué está agrandado y cuánto. Reunimos a continuación las más frecuentes. Ver uno u otro signo aislado no significa que haya indicación de cirugía, pero la presencia de varias señales, de forma persistente, es un buen motivo para buscar una evaluación.

    Señales ligadas a la obstrucción y al sueño (adenoides y amígdalas grandes)

    • Ronquido frecuente, varias noches por semana.
    • Respiración por la boca, dormido y a veces despierto; niño que duerme con la boca abierta o la mantiene abierta durante el día.
    • Sueño agitado, con muchos cambios de posición, despertares y la sensación de que “no descansa”.
    • Pausas en la respiración durante el sueño, a veces seguidas de un suspiro o atragantamiento (la señal que más preocupa a los padres, y con razón).
    • Voz nasal (como si siempre estuviera “congestionado”) y dificultad para respirar por la nariz.
    • Somnolencia o irritabilidad durante el día, dificultad para concentrarse e impacto en el rendimiento escolar.
    • Mojar la cama de forma persistente o que vuelve a ocurrir, que en algunos niños se relaciona con el trastorno del sueño.
    • En casos más prolongados, alteraciones en el crecimiento o en la forma del rostro y de la arcada dental, ligadas a la respiración bucal continua, así como alteraciones dentales o de la mordida.

    Este conjunto de señales puede indicar lo que llamamos trastornos respiratorios del sueño, que van desde el ronquido simple hasta la apnea obstructiva del sueño (AOS) en el niño, cuando hay pausas y una caída en la calidad del sueño y de la oxigenación. Es un tema que merece atención porque el sueño es fundamental para el desarrollo infantil. (Puedes profundizar en esto en nuestro artículo sobre apnea del sueño en niños.)

    Padres en consulta con el otorrinolaringólogo para evaluar las adenoides y amígdalas del niño

    Señales ligadas a las infecciones de repetición (amígdalas)

    • Amigdalitis de repetición: episodios frecuentes de dolor de garganta con fiebre, placas (puntos blancos) en las amígdalas y ganglios inflamados en el cuello.
    • Ausencias recurrentes a la escuela y uso repetido de antibióticos a lo largo del año.

    Si la queja principal son los dolores de garganta repetidos, conviene entender mejor el cuadro en nuestra página sobre amigdalitis y dolor de garganta.

    Señales ligadas al oído

    • Otitis de repetición o líquido detrás del tímpano, que pueden relacionarse con las adenoides agrandadas.
    • Sensación de audición apagada o pedir que se suba el volumen de la televisión, algo que en los niños a veces pasa desapercibido.

    ¿Cuándo basta solo con observar y cuándo hay que investigar?

    No todo ronquido ni toda amígdala grande significan cirugía. En muchos casos, la conducta más sensata es observar, porque estos tejidos pueden disminuir con el crecimiento.

    En general, suele tener sentido observar y reevaluar cuando:

    • el ronquido es ocasional, ligado a resfriados o crisis de alergia, y mejora fuera de esos períodos;
    • no hay pausas en la respiración ni señales de sueño de mala calidad;
    • las infecciones de garganta son poco frecuentes;
    • el niño crece, duerme y rinde bien en el día a día.

    Por otro lado, suele valer la pena investigar con un otorrinolaringólogo cuando hay:

    • ronquido frecuente acompañado de respiración bucal y sueño agitado;
    • relato de pausas en la respiración durante el sueño;
    • impacto en el comportamiento, la atención o el rendimiento escolar;
    • infecciones de garganta repetidas a lo largo del año;
    • otitis de repetición o sospecha de hipoacusia.

    La decisión entre observar y operar es individual y tiene en cuenta la intensidad de los síntomas, la edad del niño, el impacto en su vida y la exploración física, y no solo el tamaño de los tejidos de forma aislada.

    ¿Cómo evalúa el otorrinolaringólogo al niño?

    La evaluación comienza con una conversación detallada (historia clínica) y la exploración física. Muchas veces, este conjunto ya orienta bien la conducta. Según el caso, el médico puede recurrir a:

    • Exploración de la garganta y la nariz, para estimar el tamaño de las amígdalas y evaluar la respiración.
    • Nasofibroscopia (una exploración con una cámara fina y flexible) o, en algunos casos, radiografía lateral de cavum, para evaluar las adenoides, que normalmente no se ven a simple vista. La elección de la prueba depende de la edad y la colaboración del niño.
    • Polisomnografía (estudio del sueño): es la prueba de referencia para confirmar y medir la gravedad de la AOS. Según las guías, suele indicarse cuando hay dudas sobre la verdadera necesidad de operar o en niños con condiciones que aumentan el riesgo (por ejemplo, edad muy temprana, obesidad, síndrome de Down o alteraciones craneofaciales o neuromusculares). No todos los niños necesitan esta prueba antes de la cirugía.
    • Evaluación de la audición, cuando se sospecha otitis o hipoacusia.

    El objetivo de esta etapa es entender el cuadro en su conjunto, y no solo “cuánto ha crecido”, para que la indicación, si la hay, esté realmente fundamentada.

    ¿Cuándo suele indicarse la cirugía en el niño?

    La cirugía más común en este contexto es la adenoamigdalectomía (extracción de las adenoides y las amígdalas). En algunos casos se retiran solo las adenoides (adenoidectomía) o solo las amígdalas (amigdalectomía), según la evaluación.

    Las guías médicas reconocidas (como las de la Academia Americana de Otorrinolaringología – AAO-HNS) organizan las indicaciones en torno a dos grandes motivos. Conviene insistir en que estos criterios orientan la consulta, pero la indicación quirúrgica es siempre una decisión individual, tomada caso por caso entre la familia y el médico, y no una recomendación automática para todo niño con adenoides o amígdalas agrandadas.

    Infografía que compara cuándo observar y cuándo operar las adenoides y amígdalas del niño

    1. Obstrucción respiratoria y apnea del sueño

    Cuando el aumento de las adenoides o las amígdalas causa AOS o un trastorno respiratorio del sueño con impacto en el niño, la cirugía se considera el tratamiento de primera línea, de acuerdo con las principales guías. En estos casos, la mejora del sueño y de la respiración suele ser el objetivo principal.

    2. Infecciones de garganta de repetición

    Para las amigdalitis de repetición, las guías adoptan criterios bastante objetivos (conocidos como criterios de Paradise) para ayudar a decidir. En general, la cirugía tiende a considerarse cuando el número de episodios de dolor de garganta bien documentados es:

    • 7 o más episodios en 1 año; o
    • 5 o más episodios por año en los últimos 2 años; o
    • 3 o más episodios por año en los últimos 3 años.

    Para ello, cada episodio debe haber sido un episodio de dolor de garganta acompañado de al menos uno de los siguientes hallazgos: fiebre superior a 38,3 °C, ganglios inflamados en el cuello (adenopatías dolorosas), placas (exudado) en las amígdalas o prueba positiva para la bacteria estreptococo (Streptococcus del grupo A).

    Por debajo de estas cifras, las guías recomiendan observar y esperar en lugar de operar, dado que en estos casos la cirugía puede no aportar tanto beneficio. No es una regla rígida ni automática: situaciones particulares (como amigdalitis graves, abscesos de repetición u otros factores) pueden cambiar la evaluación, siempre de forma individual.

    En resumen: el número de episodios no lo es todo, pero es un punto de partida importante. Por eso conviene anotar las fechas y los síntomas de las amigdalitis de tu hijo a lo largo del tiempo; ese historial ayuda mucho al médico a decidir.

    ¿Cómo suele ser la recuperación de la cirugía?

    La adenoamigdalectomía suele ser una cirugía de corta duración, por lo general con alta el mismo día o tras una noche de observación, según la edad del niño, el caso y la valoración del equipo.

    Puntos generales que suelen formar parte del postoperatorio (siempre según la orientación individual del médico):

    • Dolor de garganta en los primeros días, que es esperable y se controla con medicación.
    • Alimentación preferentemente fría, blanda y ligera al inicio, volviendo poco a poco a la normalidad.
    • Reposo relativo y ausencia temporal de la escuela y de las actividades físicas más intensas durante algunos días.
    • Atención a las señales de alarma indicadas por el equipo, como el sangrado, situación en la que se debe buscar atención médica.

    Hoy en día existe la posibilidad de usar algunas tecnologías que mejoran la calidad y la seguridad del postoperatorio, como por ejemplo la radiofrecuencia. Para saber más sobre este avance en la cirugía, visita mi página sobre la amigdalectomía con coblación.

    Como toda cirugía, la adenoamigdalectomía tiene beneficios y también riesgos, que deben explicarse y ponderarse caso por caso. No existe ningún procedimiento sin riesgos, y la decisión siempre debe comparar lo que se gana con lo que se evita. El seguimiento después de la cirugía es una parte importante del proceso.

    Preguntas frecuentes de los padres (FAQ)

    ¿Es normal que un niño ronque?

    Roncar de vez en cuando, durante un resfriado, puede ocurrir. Lo que merece atención es el ronquido frecuente, sobre todo cuando se acompaña de respiración por la boca, sueño agitado o pausas en la respiración. En estos casos, conviene buscar una evaluación.

    ¿Las adenoides y las amígdalas agrandadas siempre necesitan cirugía?

    No. Muchos casos se observan a lo largo del tiempo, porque estos tejidos pueden disminuir con el crecimiento. La cirugía se considera cuando hay una obstrucción significativa del sueño o la respiración, o infecciones de repetición dentro de ciertos criterios.

    ¿Retirar las adenoides y las amígdalas debilita la inmunidad del niño?

    El sistema de defensa del cuerpo es amplio y cuenta con muchos otros órganos y mecanismos. Cuando la cirugía está bien indicada, la extracción de estos tejidos no suele comprometer la inmunidad del niño de forma relevante.

    ¿Cuál es la diferencia entre adenoidectomía, amigdalectomía y adenoamigdalectomía?

    La adenoidectomía es la extracción solo de las adenoides; la amigdalectomía, solo de las amígdalas; y la adenoamigdalectomía, de ambas. Lo que se retira depende de la evaluación de cada niño.

    ¿El ronquido y la respiración por la boca mejoran después de la cirugía?

    Cuando el problema se debe principalmente al aumento de estos tejidos, la tendencia es una mejora importante de la respiración y del sueño. En parte de los niños, sobre todo cuando hay otros factores (como la obesidad), puede ser necesario un seguimiento y medidas adicionales. La evaluación individual es la que define la expectativa realista.

    ¿Existe una edad adecuada para operar?

    No hay una edad única. La decisión considera los síntomas, el impacto en el niño y la evaluación del otorrinolaringólogo. En niños muy pequeños, suele tenerse un cuidado adicional en la investigación.

    ¿Se puede tratar sin cirugía?

    En algunos cuadros, especialmente los más leves o ligados a la alergia, la observación y el tratamiento clínico de las causas asociadas (como la rinitis) pueden ser suficientes. La conducta depende del caso.

    ¿Cuándo buscar una evaluación?

    Si tu hijo ronca con frecuencia, duerme con la boca abierta, tiene sueño agitado, presenta pausas en la respiración o tiene amigdalitis de repetición, vale la pena hablar con un otorrinolaringólogo. Una evaluación cuidadosa ayuda a definir, con criterio, si el mejor camino es observar u operar, y a quitar de los padres el peso de decidir solos.

    Para entender mejor el cuadro de adenoides agrandadas en la infancia, también puedes leer nuestra página sobre hipertrofia de adenoides en niños y, si la cirugía está en discusión, la página sobre la adenoamigdalectomía. También hay un contenido dedicado a la cirugía de adenoides y amígdalas en niños.

    El Dr. José Eduardo Merighe Marcondes, MÉDICO (CRM-SP 107.711, RQE 43.840), otorrinolaringólogo, atiende a niños y adultos en Morumbi e Itaim (São Paulo-SP) y en Alphaville (Barueri-SP), con dedicación al ronquido y la apnea del sueño, también en la infancia. Agendar una consulta.

    Este contenido es informativo, no sustituye la consulta médica y no reemplaza la conducta definida por tu médico.

    Sobre el autor

    Dr. José Eduardo Marcondes

    Médico Otorrinolaringólogo · CRM-SP 107.711 · RQE 43.840

    Formado y residente en la Escola Paulista de Medicina (UNIFESP), con más de dos décadas de experiencia. Enfocado en el tratamiento del ronquido y la apnea del sueño, la obstrucción nasal, la sinusitis crónica, las adenoides y las amígdalas, en adultos y niños. Miembro de la ABORL-CCF y del cuerpo clínico del Hospital Israelita Albert Einstein, Vila Nova Star y São Luiz.

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  • Pérdida de audición en niños: lo que padres y familias necesitan saber

    Pérdida de audición en niños: lo que padres y familias necesitan saber

    La audición es la base del lenguaje, de la socialización y del aprendizaje, y pequeños cambios en la forma de oír pueden tener un gran impacto en el desarrollo infantil. Identificar a tiempo, acompañar con información de calidad y actuar con rapidez transforma el camino del habla, de la escuela y de la convivencia en familia.

    Por qué la audición importa desde la cuna

    Desde el nacimiento, el cerebro aprende el lenguaje a partir de los sonidos del entorno y de la voz de quien cuida. Cuando la audición no es plena, el niño tiende a hablar más tarde, a cansarse en ambientes ruidosos y a depender de la lectura labial para seguir las conversaciones, lo que a veces puede confundirse con falta de atención o timidez.

    Causas más frecuentes de hipoacusia (pérdida auditiva) en niños

    Otitis media con efusión: líquido detrás del tímpano que reduce el paso del sonido, común en la primera infancia y muchas veces silenciosa.

    – Hipoacusia neurosensorial congénita: puede ser genética, aislada o parte de un síndrome, con un comportamiento estable o progresivo a lo largo del tiempo.

    – Infecciones: el citomegalovirus durante el embarazo y la meningitis en la infancia están entre las causas infecciosas más relevantes.

    – Factores perinatales: la prematuridad, la hospitalización neonatal, la ictericia importante y la hipoxia aumentan el riesgo y exigen vigilancia.

    – Ototoxicidad y ruido: algunos medicamentos y el uso prolongado de audífonos a volumen alto pueden lesionar la cóclea, especialmente en escolares y adolescentes.

    – Otras condiciones: el tapón de cerumen, las alteraciones anatómicas del oído y las enfermedades autoinmunes también deben tenerse en cuenta.

    Señales que merecen atención

    – Al inicio de la vida: poca reacción de sobresalto ante ruidos intensos, balbuceo escaso, dificultad para localizar sonidos y menor respuesta al propio nombre.

    – En la primera infancia: retraso del habla, sustituciones de sonidos persistentes, necesidad de ver la boca de quien habla y aparente falta de atención.

    – En edad escolar: volumen del televisor siempre alto, peticiones constantes de repetición, cansancio auditivo al final del día y quejas de zumbido en los oídos (tinnitus).

    – A cualquier edad: antecedentes familiares de pérdida auditiva, otitis de repetición, rinitis y respiración bucal crónica son señales adicionales de alerta.

    Qué observar en el día a día

    – Hitos del lenguaje: la evolución del balbuceo hacia sílabas, palabras y frases debe ocurrir de forma continua, incluso en contextos bilingües.

    – Ambientes ruidosos: una dificultad desproporcionada para seguir conversaciones en fiestas, restaurantes y en el aula puede sugerir una pérdida leve a moderada.

    – Salud de las vías respiratorias: la rinitis, los adenoides aumentados, el ronquido y las otitis frecuentes requieren una evaluación otorrinolaringológica.

    – Exposiciones e historial: los audífonos, la hospitalización neonatal, la ictericia marcada, la meningitis y el uso de medicamentos con potencial ototóxico indican la necesidad de un seguimiento más cercano.

    Cómo se hace el diagnóstico

    – En la maternidad: el cribado auditivo neonatal con emisiones otoacústicas es obligatorio y detecta alteraciones incluso antes del alta, lo que permite una derivación segura.

    – La línea de tiempo ideal: cribado hasta el primer mes, confirmación diagnóstica hasta el tercer mes e inicio de la intervención hasta el sexto mes aprovechan la mejor ventana de neuroplasticidad.

    – Pruebas objetivas y conductuales: las emisiones otoacústicas, el potencial evocado auditivo de tronco cerebral, la timpanometría y la audiometría lúdica ayudan a definir el tipo y el grado de pérdida con precisión.

    – Investigación de la causa: estudio genético cuando esté indicado, estudios de imagen en casos seleccionados e investigación de citomegalovirus en las primeras semanas de vida en situaciones sospechosas.

    – Trabajo en equipo: la integración entre la otorrinolaringología pediátrica y la fonoaudiología traduce los resultados de los exámenes en un plan terapéutico personalizado.

    Tratamiento y rehabilitación

    – Otitis media con efusión: muchas veces mejora con observación activa, manejo de las alergias e higiene nasal; cuando persiste con impacto auditivo, los tubos de ventilación pueden restablecer la audición de conducción, y la adenoidectomía puede considerarse en situaciones específicas. En lenguaje para los padres, entienda por qué a veces es necesario colocar el tubito.

    – Pérdidas conductivas: la extracción de cerumen, el tratamiento de las otitis y los dispositivos de conducción ósea pueden ofrecer beneficios funcionales significativos.

    – Pérdidas neurosensoriales: los audífonos modernos y los sistemas de micrófono remoto mejoran la comprensión del habla en casa y en la escuela; en pérdidas profundas bilaterales, el implante coclear, tras una evaluación cuidadosa, puede abrir oportunidades valiosas para el lenguaje.

    – Citomegalovirus congénito: en escenarios seleccionados, los antivirales iniciados de forma temprana pueden reducir la progresión de la pérdida, siempre con seguimiento especializado.

    – Fonoaudiología y escuela: la terapia centrada en la familia, los estímulos auditivo-verbales y los ajustes en el aula consolidan los resultados y la autonomía.

    – Seguimiento continuo: los niños con factores de riesgo o con pérdidas fluctuantes necesitan reevaluaciones periódicas, ajustes de dispositivos y estrategias de comunicación consistentes.

    Prevención y hábitos saludables

    – Mantener la vacunación al día reduce las infecciones asociadas a la pérdida auditiva.

    – Controlar la rinitis y las alergias disminuye los episodios de otitis media con efusión.

    – El uso responsable de audífonos, las pausas auditivas regulares y los volúmenes cómodos ayudan a proteger la cóclea; en conciertos y deportes motorizados, se recomienda el uso de protectores auditivos.

    – Los entornos con buena acústica en casa y en la escuela favorecen la comprensión del habla y el aprendizaje.

    Cuándo buscar una evaluación

    El retraso del habla, las otitis recurrentes, la dificultad en ambientes ruidosos o un resultado alterado en cualquier etapa del cribado son motivos para consultar a un otorrinolaringólogo y a un fonoaudiólogo. Cuanto antes comience el cuidado, mayores serán los beneficios en el lenguaje, el rendimiento académico y el bienestar social.

    Atención de excelencia en São Paulo y Alphaville

    El Dr. José Eduardo Marcondes ofrece una atención completa y humanizada para la pérdida de audición en niños. Con más de dos décadas de experiencia y actuación en instituciones de referencia, cada niño recibe un plan a medida, con comunicación clara, seguimiento cercano y metas terapéuticas alineadas con la rutina de la familia.

    Próximo paso

    Ante cualquier sospecha, agendar una evaluación especializada es la forma más segura de proteger el desarrollo infantil. Una consulta atenta, con exámenes adecuados a la edad, permite actuar con precisión y confianza, para que el niño crezca oyendo, hablando y aprendiendo con plenitud.

    Dr. José Eduardo Marcondes, médico otorrinolaringólogo. CRM-SP 107.711 | RQE 43.840 (registro médico brasileño). Este contenido es informativo, no sustituye la consulta médica y no reemplaza la conducta definida por tu médico.

    Sobre el autor

    Dr. José Eduardo Marcondes

    Médico Otorrinolaringólogo · CRM-SP 107.711 · RQE 43.840

    Formado y residente en la Escola Paulista de Medicina (UNIFESP), con más de dos décadas de experiencia. Enfocado en el tratamiento del ronquido y la apnea del sueño, la obstrucción nasal, la sinusitis crónica, las adenoides y las amígdalas, en adultos y niños. Miembro de la ABORL-CCF y del cuerpo clínico del Hospital Israelita Albert Einstein, Vila Nova Star y São Luiz.

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  • Apnea del Sueño en Niños: A Qué Deben Prestar Atención los Padres

    Apnea del Sueño en Niños: A Qué Deben Prestar Atención los Padres

    Cómo reconocer la apnea del sueño en niños: señales que los padres no deben ignorar

    Como padres, pasas horas observando a tus hijos mientras duermen, percibiendo cada detalle de esa carita relajada y de su respiración. Pero ¿alguna vez has notado algún comportamiento extraño durante el sueño? Ronquidos fuertes, pausas en la respiración, sueño inquieto o somnolencia excesiva durante el día pueden ser señales de apnea obstructiva del sueño, un problema más común de lo que muchos imaginan y que puede afectar seriamente el desarrollo de los niños. Para tener una idea, la apnea del sueño afecta a alrededor del 1% al 5% de los niños y es más frecuente entre los 2 y los 8 años, etapa en que las amígdalas y los adenoides suelen ser proporcionalmente más grandes.

    ¿Qué es la apnea del sueño infantil?

    La apnea obstructiva del sueño es un trastorno respiratorio que ocurre durante el sueño, caracterizado por interrupciones breves de la respiración. Durante estas pausas, que pueden durar algunos segundos, el niño prácticamente deja de respirar debido al bloqueo de las vías respiratorias superiores. Estos episodios se repiten a lo largo de la noche, fragmentando el sueño e impidiendo que el niño obtenga el descanso reparador que necesita para su desarrollo.

    Identificando cambios en el comportamiento diario

    Muchas veces, las primeras señales de la apnea aparecen durante el día, en las actividades cotidianas del niño. Como médico, siempre pido a los padres que observen el comportamiento escolar de sus hijos. Los niños con apnea con frecuencia tienen dificultad para concentrarse en clase, distrayéndose con facilidad durante las explicaciones o al hacer la tarea.

    La memoria también puede verse afectada. Puedes notar que tu hijo olvida recados sencillos, tiene dificultad para recordar dónde dejó sus juguetes o necesita varias repeticiones para aprender una canción o un poema. El procesamiento de la información tiende a hacerse más lento, por lo que el niño puede tardar más en entender instrucciones o responder preguntas.

    Niño con somnolencia diurna acostado bostezando
    Niño con somnolencia diurna acostado bostezando

    En el aspecto del comportamiento, presta atención a la irritabilidad excesiva, especialmente al final del día. Niños que antes eran tranquilos pueden volverse agresivos, tener rabietas sin motivo aparente o mostrar señales de hiperactividad. Paradójicamente, a diferencia de los adultos que suelen sentir somnolencia, muchos niños con apnea se vuelven inquietos y agitados como forma de compensar el cansancio.

    El rendimiento escolar suele ser uno de los primeros aspectos que llama la atención de padres y maestros. La caída en las notas, la dificultad para seguir el ritmo de la clase y los problemas de lectura y escritura pueden ser consecuencias directas de la fragmentación del sueño. Algunos niños incluso son derivados para una evaluación de déficit de atención cuando, en realidad, el problema está en un sueño inadecuado.

    Cómo el sueño fragmentado perjudica el desarrollo

    Cuando el sueño se interrumpe constantemente por los episodios de apnea, el niño no logra alcanzar las fases más profundas del sueño, esenciales para el desarrollo. Durante estas fases, el cerebro consolida los recuerdos, procesa la información aprendida durante el día y libera hormonas fundamentales para el crecimiento.

    La privación crónica de oxígeno, causada por las pausas respiratorias, afecta directamente el funcionamiento del cerebro. Las células cerebrales, especialmente en las áreas responsables de la atención, la memoria y el aprendizaje, se ven afectadas por esta reducción de oxígeno. Con el tiempo, y si no se trata adecuadamente, esto puede provocar cambios duraderos en el desarrollo cognitivo.

    Además, el cuerpo del niño permanece en un estado constante de estrés durante la noche, liberando hormonas como el cortisol que pueden interferir en el crecimiento y el desarrollo emocional. Por eso muchos niños con apnea presentan un escaso aumento de peso y de talla, además de cambios de humor.

    Señales que deben llamar tu atención

    Como médico con más de 20 años de experiencia, siempre oriento a los padres a observar con atención el comportamiento de sus hijos tanto de noche como de día.

    Durante el sueño, presta atención al ronquido frecuente y fuerte, que puede ser tan intenso que los despierte por la noche. Observa si hay pausas en la respiración seguidas de respiración jadeante o sonidos de ahogo. El niño puede dormir en posiciones extrañas para tratar de facilitar el paso del aire, tener un sueño extremadamente inquieto cambiando constantemente de posición y sudar en exceso durante la noche.

    Niño con apnea del sueño durmiendo con la boca abierta
    Niño con apnea del sueño durmiendo con la boca abierta

    Durante el día, fíjate si el niño presenta somnolencia excesiva, cansancio constante incluso después de una noche de sueño, irritabilidad, agresividad o hiperactividad, dificultad para concentrarse en la escuela y caída en el rendimiento escolar. Muchas veces, a diferencia de los adultos que sienten somnolencia, los niños con apnea pueden volverse hiperactivos e inquietos.

    Síntomas específicos de la respiración y la alimentación

    La respiración por la boca es una señal importante que no debe ignorarse. Cuando el niño mantiene la boca constantemente abierta, incluso durante el día, puede indicar una obstrucción nasal crónica. El mal aliento persistente y la resequedad de los labios y alrededor de la boca también son consecuencias de esta respiración oral.

    En la alimentación, observa comportamientos específicos que indican dificultad respiratoria. Los niños con apnea con frecuencia comen con la boca abierta, haciendo ruidos al masticar. Pueden masticar muy despacio, deteniéndose constantemente para respirar por la boca, o tragar grandes trozos de comida para evitar masticar durante mucho tiempo.

    Algunos niños prefieren alimentos blandos o líquidos, evitando texturas que exijan una masticación prolongada. Durante las comidas, pueden parecer jadeantes o cansados, especialmente al consumir alimentos que requieren más esfuerzo al masticar. También es común que se quejen de dificultad para tragar o de la sensación de comida “atascada” en la garganta.

    Presta atención también a las quejas de oído tapado, zumbido o dolor de oído frecuente. La apnea puede causar disfunción de la trompa de Eustaquio, lo que lleva a otitis de repetición y afecta la audición.

    ¿Por qué es tan importante estar atento?

    La apnea del sueño no es solo un problema de respiración durante la noche. Sus consecuencias pueden ser graves para el desarrollo infantil, y por eso siempre insisto en la importancia del diagnóstico temprano.

    Impacto en el crecimiento y el desarrollo: Durante el sueño profundo, el cuerpo libera hormonas fundamentales para el crecimiento. Los niños con apnea pueden presentar un escaso aumento de peso y de talla, además de cambios en el desarrollo facial y de la arcada dental.

    Perjuicios cognitivos y de aprendizaje: La fragmentación del sueño y la disminución de los niveles de oxígeno afectan directamente el desarrollo del cerebro. Los estudios muestran que los niños con apnea presentan dificultades de memoria, atención, concentración y procesamiento de la información. El rendimiento escolar puede verse afectado, con notas más bajas y dificultades de aprendizaje.

    Cambios conductuales y emocionales: La falta de un sueño de calidad puede llevar a problemas de comportamiento significativos. Los niños pueden presentar hiperactividad, agresividad, déficit de atención, irritabilidad e incluso síntomas parecidos al TDAH. También pueden desarrollarse problemas emocionales como ansiedad y depresión.

    Complicaciones cardiovasculares: Aunque son menos comunes en niños, la apnea puede llevar a hipertensión pulmonar y, en casos graves, a problemas cardíacos. La privación crónica de oxígeno sobrecarga el sistema cardiovascular.

    Factores de riesgo importantes

    Algunos niños tienen mayor predisposición a desarrollar apnea del sueño. El aumento de las amígdalas y los adenoides es la causa más común en la infancia. La obesidad infantil también incrementa significativamente el riesgo. Los niños con alergias respiratorias, reflujo gastroesofágico, malformaciones craneofaciales o síndromes genéticos también merecen una atención especial. Cuando la causa es el aumento de las amígdalas y los adenoides, la cirugía (adenoamigdalectomía) es el tratamiento de primera elección y ayuda a la mayoría de los niños. Aun así, no es garantía de cura: algunos niños, sobre todo con obesidad o de mayor edad, pueden mantener algún grado de apnea después de la cirugía. Por eso la reevaluación tras el tratamiento es tan importante.

    La importancia del diagnóstico temprano

    Muchas veces pasa bastante tiempo entre el inicio de los síntomas y el diagnóstico correcto, y durante ese período el niño queda expuesto a las complicaciones que he mencionado. Por eso siempre les digo a los padres: no ignoren las señales.

    El diagnóstico implica una evaluación clínica detallada, cuestionarios específicos para detectar trastornos del sueño y, cuando es necesario, la polisomnografía, que es el examen de referencia. Cuanto antes identifiquemos y tratemos la apnea, mejores serán los resultados para el desarrollo del niño.

    Qué esperar del tratamiento

    Un gran estudio internacional (el ensayo CHAT, publicado en el New England Journal of Medicine en 2013) ayudó a entender qué esperar de la cirugía en niños con apnea leve a moderada. En comparación con la simple observación, la adenoamigdalectomía mejoró el comportamiento, la calidad de vida, los síntomas y la propia polisomnografía.

    Cómo es el tratamiento

    El tratamiento es individualizado. En los casos más leves, medidas como el corticoide en spray nasal y, en situaciones seleccionadas, el antileucotrieno (montelukast) pueden ayudar, aunque la evidencia es de corto plazo. Cuando hay un aumento importante de las amígdalas y los adenoides, la cirugía es la primera elección. Si queda apnea después de la cirugía, o cuando la cirugía no está indicada, el CPAP (un aparato que mantiene la vía aérea abierta con presión de aire) es una buena opción. Y en el niño con obesidad, el control del peso forma parte del tratamiento, porque la obesidad aumenta el riesgo de que la apnea persista.

    ¿Cuándo buscar ayuda?

    Si identificas cualquiera de estas señales en tus hijos, especialmente ronquidos frecuentes, pausas respiratorias observadas durante el sueño o cambios de comportamiento significativos, no dudes en buscar una evaluación especializada. Como siempre les digo a los padres en mi consultorio: la calidad del sueño de tu hijo es fundamental para su futuro.

    Recuerda que la apnea del sueño infantil tiene tratamiento, y cuanto más temprana sea la intervención, mejores serán los resultados para el desarrollo físico, cognitivo y emocional del niño. Agenda una consulta por nuestro WhatsApp para que, juntos, encontremos la mejor manera de asegurar noches tranquilas y un desarrollo saludable para tu pequeño.

    Preguntas frecuentes

    ¿Todo ronquido es señal de apnea?

    No. Roncar de vez en cuando es común. La señal de alerta es el ronquido frecuente y fuerte acompañado de pausas en la respiración, ahogos o sueño muy inquieto. Es esa combinación la que merece evaluación.

    ¿Mi hijo realmente necesita una polisomnografía?

    La polisomnografía es el examen estándar para confirmar la apnea y medir su gravedad. No todos los niños necesitan hacerla de inmediato: la evaluación comienza por la historia clínica y el examen de la nariz y la garganta, y el especialista la indica cuando el resultado va a cambiar la conducta.

    ¿La cirugía de amígdalas y adenoides cura la apnea?

    En la mayoría de los niños con aumento de esas estructuras, la cirugía mejora mucho o resuelve el cuadro. Pero no es garantía: los niños con obesidad o mayores pueden mantener algún grado de apnea, por eso la reevaluación después de la cirugía es importante.

    Mi hijo tiene obesidad. ¿Cambia algo?

    Sí. La obesidad aumenta el riesgo de apnea y la probabilidad de que continúe incluso después de la cirugía. En esos casos, el control del peso forma parte del tratamiento y a veces es necesario complementar con CPAP.

    ¿La apnea puede confundirse con TDAH?

    Puede. La apnea causa falta de atención, inquietud e hiperactividad que recuerdan al TDAH, y no es raro que el niño sea derivado como si tuviera el trastorno. Tratar la apnea suele mejorar esos síntomas, pero las dos condiciones también pueden coexistir. Por eso conviene investigar el sueño antes de cerrar el diagnóstico.

    Referencias

    1. Marcus CL, Moore RH, Rosen CL, et al.; Childhood Adenotonsillectomy Trial (CHAT). A randomized trial of adenotonsillectomy for childhood sleep apnea. New England Journal of Medicine. 2013;368(25):2366-2376.
    2. Marcus CL, Brooks LJ, Draper KA, et al.; American Academy of Pediatrics. Diagnosis and Management of Childhood Obstructive Sleep Apnea Syndrome. Pediatrics. 2012;130(3):576-584.
    3. Lumeng JC, Chervin RD. Epidemiology of pediatric obstructive sleep apnea. Proceedings of the American Thoracic Society. 2008;5(2):242-252.
    4. Bhattacharjee R, Kheirandish-Gozal L, Spruyt K, et al. Adenotonsillectomy outcomes in treatment of obstructive sleep apnea in children: a multicenter retrospective study. American Journal of Respiratory and Critical Care Medicine. 2010;182(5):676-683.
    5. Kheirandish-Gozal L, Gozal D. Intranasal budesonide treatment for children with mild obstructive sleep apnea syndrome. Pediatrics. 2008;122(1):e149-e155.
    6. Goldbart AD, Greenberg-Dotan S, Tal A. Montelukast for children with obstructive sleep apnea. Pediatrics. 2012;130(3):e575-e580.

    Este contenido es informativo, no sustituye la consulta médica y no reemplaza la conducta definida por tu médico.

    Sobre el autor

    Dr. José Eduardo Marcondes

    Médico Otorrinolaringólogo · CRM-SP 107.711 · RQE 43.840

    Formado y residente en la Escola Paulista de Medicina (UNIFESP), con más de dos décadas de experiencia. Enfocado en el tratamiento del ronquido y la apnea del sueño, la obstrucción nasal, la sinusitis crónica, las adenoides y las amígdalas, en adultos y niños. Miembro de la ABORL-CCF y del cuerpo clínico del Hospital Israelita Albert Einstein, Vila Nova Star y São Luiz.

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  • Cirugía de Adenoides y Amígdalas en Niños

    Cirugía de Adenoides y Amígdalas en Niños

    ¿Qué deben observar los padres? ¿Cuándo es necesaria la cirugía?

    Quiero hablar con los padres sobre la adenoamigdalectomía en niños. Sé que el tema puede generar muchas dudas y, por eso, voy a explicarte de forma simple y clara todo lo que es importante para que entiendas lo que está ocurriendo con tu hijo, qué debes observar, cuándo puede ser momento de considerar la cirugía y cómo se realiza.

    Antes que nada: ¿qué son las adenoides?

    Esta es una de las dudas más frecuentes de los padres. ¿Qué son las adenoides, a veces llamadas “carne esponjosa”? Las adenoides son una especie de amígdala que se encuentra en el fondo de la nariz. Es una estructura que todos los niños tienen, pero que puede generar muchos problemas cuando está muy grande.

    ¿En qué aspectos se debe prestar atención?

    Uno de los aspectos más importantes es notar si tu hijo respira por la boca con frecuencia, incluso cuando no está resfriado. La respiración nasal obstruida hace que el niño duerma con la boca abierta y, muchas veces, ronque.

    Presta atención también al ánimo del pequeño: el cansancio excesivo, la irritabilidad sin motivo aparente y la falta de energía pueden estar relacionados con una mala oxigenación durante el sueño.

    Si notas una voz más “apagada,” ahogada o nasal, puede ser señal de obstrucción nasal. Y conviene registrar cualquier relato de pausas en la respiración mientras duerme.

    Otro aspecto son los niños que comen muy rápido o tardan mucho en tragar la comida.

    Síntomas y signos que pueden indicar hipertrofia de adenoides

    Cuando las adenoides crecen demasiado, suelen aparecer algunas señales que no pasan desapercibidas.

    El niño se queja de nariz tapada sin tener gripe, presenta mal aliento constante y resequedad alrededor de la boca.

    Muchas veces se queja de “oído tapado” o zumbido, ya que el aumento de las adenoides puede impedir el drenaje correcto del oído medio, lo que favorece las infecciones. Las otitis recurrentes son comunes y pueden comprometer la audición.

    Durante el sueño, además del ronquido, es frecuente el sueño agitado, con despertares varias veces, lo que puede provocar somnolencia o dificultad para concentrarse en la escuela.

    ¿Cuándo está indicada la cirugía?

    Suelo indicar la adenoamigdalectomía cuando el tratamiento con aerosoles nasales, antibióticos o el seguimiento clínico no resuelve la obstrucción y las infecciones continúan repitiéndose.

    Si tu hijo ronca mucho, tiene apnea obstructiva del sueño durante la noche o ya ha sufrido tres o más otitis en pocos meses, la cirugía puede ser la solución en casos seleccionados.

    Además, la respiración oral prolongada puede perjudicar el desarrollo facial y dental, por lo que intervenir a tiempo ayuda a evitar alteraciones en la arcada dentaria y en la alineación de los dientes.

    Técnicas quirúrgicas tradicionales de adenoides y amígdalas en niños

    El método clásico de extracción de las adenoides y amígdalas en niños utiliza instrumentos para cortar y curetear el tejido. Es un procedimiento seguro, pero puede generar un poco más de molestia y sangrado.

    El electrocauterio, que utiliza calor para retirar el tejido y detener el sangrado, se volvió popular por reducir el sangrado intraoperatorio. Sin embargo, aún puede causar dolor moderado en los primeros días después de la cirugía.

    Tecnologías avanzadas: microdesbridador y radiofrecuencia

    Para ofrecer mayor comodidad y seguridad a los niños, utilizo dos tecnologías de vanguardia.

    El microdesbridador para la adenoidectomía se usa para realizar la cirugía con apoyo de video, lo que permite retirar solo el tejido sobrante, preservar las estructuras sanas y reducir el sangrado.

    En la amigdalectomía, la radiofrecuencia retira el tejido con calor controlado, lo que tiende a resultar en menos dolor en el posoperatorio y una recuperación más rápida. El posoperatorio suele ser mucho más tranquilo con el uso de esta tecnología.

    Estas tecnologías pueden permitir un alta más temprana, un regreso más rápido a las actividades escolares y mucha más tranquilidad para toda la familia.

    Si tu hijo presenta estas características, agenda una consulta a través de nuestro WhatsApp para entender mejor cuáles son las mejores opciones para mejorar la vida de tu pequeño.

    Dr. José Eduardo Marcondes, médico otorrinolaringólogo. CRM-SP 107.711 | RQE 43.840 (registro médico brasileño). Este contenido es informativo, no sustituye la consulta médica y no reemplaza la conducta definida por tu médico.

    Sobre el autor

    Dr. José Eduardo Marcondes

    Médico Otorrinolaringólogo · CRM-SP 107.711 · RQE 43.840

    Formado y residente en la Escola Paulista de Medicina (UNIFESP), con más de dos décadas de experiencia. Enfocado en el tratamiento del ronquido y la apnea del sueño, la obstrucción nasal, la sinusitis crónica, las adenoides y las amígdalas, en adultos y niños. Miembro de la ABORL-CCF y del cuerpo clínico del Hospital Israelita Albert Einstein, Vila Nova Star y São Luiz.

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  • Doctor, ¿de verdad mi hijo tiene que ponerse ese tubito?

    Doctor, ¿de verdad mi hijo tiene que ponerse ese tubito?

    Si ya pasaste noches sin dormir cargando a tu hijo mientras lloraba de dolor de oído, y después notaste que, incluso sin dolor, no parecía escuchar bien, subía el volumen de la televisión o vivía distraído en la escuela, conoces de cerca la angustia que te trae hasta esta pregunta. Cuando las otitis vuelven una y otra vez, o cuando queda líquido atrapado detrás del tímpano por mucho tiempo, el otorrino puede sugerir la colocación de un tubo de ventilación, también llamado tubo de timpanostomía. Reuní aquí las preguntas que más escucho en la consulta, junto con lo que la ciencia muestra hoy, para que entiendas por qué, cuándo y si ese “tubito” tiene sentido para tu hijo. Adelanto algo que suele tranquilizar: en la mayoría de los casos el tratamiento es clínico o expectante, y no todo niño que tiene otitis va a necesitar el tubo. Esa sensación de oído tapado también aparece, de forma pasajera, en los viajes en avión.

    Primero, entiende qué resuelve el tubito (y qué no resuelve)

    El objetivo del tratamiento es el líquido atrapado en el oído medio, el espacio detrás del tímpano. Puede acumularse después de una infección (la llamada otitis media con efusión, cuando hay líquido sin infección activa) o venir junto con infecciones que se repiten. Mientras ese líquido está ahí, el tímpano vibra mal y el sonido llega apagado, como si el niño tuviera el oído tapado. De ahí la pérdida de audición, el zumbido y, a veces, la dificultad de equilibrio. La otitis de repetición es una causa común de pérdida de audición en niños.

    Vale ponerlo en perspectiva, porque asusta menos cuando se conoce el cuadro completo. El líquido en el oído es común y, la mayoría de las veces, desaparece solo: cerca de 9 de cada 10 niños tienen al menos un episodio antes de los 5 años, la mitad se resuelve en hasta 3 meses y cerca del 95 % en un año (AAO-HNS, 2016). Por eso el tubo no es para todo líquido que aparece. Entra en escena cuando el líquido insiste en quedarse y empieza a afectar la audición, o cuando las crisis de otitis son demasiado frecuentes. Lo que el tubo hace es drenar ese líquido y ventilar el oído, equilibrando la presión. Lo que no hace es curar la alergia, la adenoide agrandada o el resfriado que están detrás del problema; para la causa, el tratamiento es otro.

    Entonces, ¿cuándo está realmente indicado el tubo?

    Dos situaciones concentran la indicación, y en ambas el examen del oído pesa más que el conteo de infecciones por sí solo:

    • Líquido que persiste. Otitis media con efusión en ambos oídos por tres meses o más, con dificultad de audición documentada, es la indicación mejor establecida (AAO-HNS, 2022). Cuando hay señales de impacto en el habla, el aprendizaje o el comportamiento, la indicación es más fuerte.
    • Otitis de repetición, con una salvedad importante. Se considera otitis de repetición cuando hay tres o más episodios en seis meses, o cuatro en un año. El tubo se indica sobre todo cuando todavía hay líquido en el oído en el examen realizado entre las crisis; si el oído queda completamente seco en ese período, las directrices actuales no recomiendan el tubo solo por el conteo de infecciones (AAO-HNS, 2022).

    ¿Por qué esa cautela? Porque un ensayo aleatorizado publicado en 2021 comparó colocar el tubo con mantener el tratamiento clínico en niños con otitis de repetición y no encontró diferencia en el número de nuevas otitis a lo largo de dos años (1,48 frente a 1,56 episodios por niño/año). El tubo sí tuvo una ganancia: aumentó el tiempo hasta la siguiente infección (cerca de 4,3 frente a 2,3 meses) (Hoberman, 2021). Es decir, la decisión no es automática. Pesa el conjunto: audición, presencia de líquido, frecuencia de las crisis y cuánto todo eso afecta el sueño, el habla y la escuela de tu hijo.

    Fuera de estas situaciones, cuando el líquido es reciente (menos de tres meses) y la audición está preservada, la conducta suele ser observar, porque la probabilidad de que se resuelva solo es alta.

    ¿Cómo es la cirugía? ¿Y la anestesia es segura?

    Con la ayuda de un endoscopio, el médico hace una pequeña abertura en la membrana del tímpano, aspira el líquido e inserta el tubito, que funciona como una válvula, dejando entrar el aire y salir el líquido. Suele durar de 10 a 15 minutos por oído, y en la mayoría de los casos el niño vuelve a casa el mismo día.

    La pregunta que más preocupa a los padres casi nunca es sobre el tubo, sino sobre la anestesia. En niños usamos anestesia general, y el temor es natural. Vale saber que un gran estudio internacional aleatorizado siguió a niños que recibieron menos de una hora de anestesia general siendo bebés y no encontró diferencia en el desarrollo neurológico a los 5 años en comparación con quienes no la recibieron (GAS, McCann, 2019). Es una cirugía corta, realizada por un equipo habituado a operar niños, y ese dato suele dar tranquilidad a la familia.

    ¿Va a doler? ¿Cómo es el postoperatorio?

    Durante la cirugía, gracias a la anestesia, no hay dolor. Después, es común una leve molestia o una secreción fina saliendo por el oído en los primeros días, pero nada que suela quitar el sueño o impedir el juego. Para la comodidad, indicamos un analgésico simple. Si aparece secreción, el tratamiento es local, con gotas óticas; en la mayoría de los casos no es necesario antibiótico por vía oral (AAO-HNS, 2022). En pocos días la sensación extraña desaparece y muchas familias notan, de entrada, que el niño vuelve a responder cuando lo llaman. Cuando el líquido sale, la audición mejora.

    Agua en el oído: lo que realmente cambió

    Este es el punto que más dudas genera, porque la orientación cambió. Durante muchos años se pidió protección rigurosa contra el agua, con algodón, tapones y gorro en cada baño y en cada piscina. Las directrices más recientes revisaron esta conducta: para la mayoría de los niños con tubo, no es necesaria protección de rutina para el baño común ni para nadar en agua limpia y tratada (AAO-HNS, 2022). Los estudios mostraron que la protección sistemática no redujo de forma relevante la probabilidad de secreción.

    La protección queda reservada para situaciones específicas, como bucear en profundidad, nadar en agua de lago o poco tratada, sumergir la cabeza en un baño con jabón, o cuando el propio niño siente molestia con la entrada de agua. Como cada caso tiene sus particularidades, tu otorrino orientará lo que se aplica a tu hijo. La buena noticia práctica es que, la mayoría de las veces, la rutina de baño y piscina sigue casi normal.

    Cuánto tiempo permanece el tubo y qué esperar del resultado

    El tubito suele permanecer en promedio cerca de 12 meses, hasta que la membrana cicatriza a su alrededor. Cuando llega el momento, el propio organismo lo expulsa de forma natural, sin necesidad de otra cirugía, y el pequeño orificio cierra solo en la gran mayoría de los casos. Por eso las consultas de seguimiento son importantes: confirman que la salida ocurrió bien y que el tímpano está sano.

    Sobre el resultado, la audición suele mejorar rápido, y las revisiones de estudios muestran una ganancia clara a corto y mediano plazo (MacKeith, 2023).

    En algunos casos, cuando no hay mejora completa, es necesaria una nueva colocación del tubo. Los principales factores de riesgo para esto son la caída precoz del tubo, alteraciones craneofaciales, edad más baja y algunas condiciones clínicas, como la otitis media aguda recurrente (Goel, 2021). Un factor que reduce la probabilidad de una nueva cirugía es la adenoidectomía realizada junto con la colocación del tubo, sobre todo en niños a partir de los 4 años (Qian, 2025); en un metaanálisis, la adenoidectomía concomitante redujo a cerca de la mitad la probabilidad de necesitar nuevos tubos (Goel, 2021).

    Riesgos y secuelas, con números

    Se trata de un procedimiento de bajo riesgo, pero, como toda cirugía, tiene posibles complicaciones. Los números ayudan a dimensionar (Kay, Nelson y Rosenfeld, 2001):

    • Secreción por el oído (otorrea): es la más común, en torno al 16 % en el postoperatorio inmediato, casi siempre resuelta con gotas óticas.
    • Cicatriz en el tímpano (timpanoesclerosis): aparece en cerca de un tercio de los casos tras la salida del tubo, pero suele ser solo una marca, sin efecto perceptible en la audición.
    • Perforación que no cierra sola: es poco frecuente con los tubos de corta permanencia (cerca del 2 %) y más frecuente con los de larga permanencia; cuando ocurre, puede corregirse con una pequeña reparación.
    • Colesteatoma: muy raro (por debajo del 1 %).

    El tubo también puede obstruirse o salir antes de tiempo, situaciones que se acompañan en consulta, en las que el médico decide si es necesario recolocarlo.

    ¿Existen alternativas al tubo?

    Sí, y forman parte de la conversación. Cuando el líquido es reciente y la audición está bien, la mejor conducta suele ser esperar y reevaluar, porque la probabilidad de resolución espontánea es alta. Tratar lo que está detrás del cuadro ayuda: controlar la rinitis alérgica, cuidar los resfriados de repetición y evaluar la adenoide. En algunos niños, sobre todo a partir de los 4 años o cuando hay síntomas de adenoide, retirar la adenoide junto con la colocación del tubo reduce la probabilidad de nuevos episodios (AAO-HNS, 2022). Los antibióticos tienen un papel en el tratamiento de las crisis agudas, pero no se recomiendan como prevención continua. Qué camino tiene sentido depende del examen, de la audición y de la historia de tu hijo.

    Al final, la decisión sobre el tubito es compartida entre tú y el médico, mirando la audición, la frecuencia de las crisis y el impacto en el día a día del niño. Cuando está bien indicado, devuelve una buena audición, mejora el sueño y la disposición, e interrumpe un ciclo de crisis que perjudica justamente la fase de aprender a hablar y convivir. Si aún queda alguna duda, agenda una conversación para evaluar el caso con calma. En el consultorio del Dr. José Eduardo Marcondes, médico otorrinolaringólogo (CRM-SP 107.711 | RQE 43.840), la orientación es siempre individualizada, para que decidas con seguridad e información.

    Ilustración de un tubo de ventilación (timpanostomía) colocado en el tímpano de un niño

    Preguntas frecuentes

    ¿Mi hijo puede nadar y bañarse con el tubo?

    En la mayoría de los casos, sí, sin protección de rutina para el baño común ni para nadar en agua limpia y tratada. Las directrices actuales ya no recomiendan tapones y gorro para todos los niños (AAO-HNS, 2022). La protección queda reservada para situaciones específicas, como bucear en profundidad o agua poco tratada, y tu otorrino orienta lo que se aplica a tu caso.

    ¿La cirugía duele? ¿Y la anestesia general es segura?

    Durante el procedimiento no hay dolor, por la anestesia. Es una cirugía corta, de pocos minutos por oído. Sobre la anestesia general, un gran estudio aleatorizado mostró que menos de una hora de anestesia al inicio de la vida no alteró el desarrollo neurológico de los niños a los 5 años (GAS, McCann, 2019).

    ¿El tubo se cae solo? ¿Se necesita otra cirugía para retirarlo?

    En general el tubo permanece cerca de 12 meses y el organismo lo expulsa de forma natural, sin nueva cirugía. Lo importante es mantener las consultas de seguimiento para confirmar la salida y revisar el tímpano.

    Una vez colocado, ¿resuelve para siempre?

    Suele resolver las crisis y la pérdida de audición de ese período. Pero una parte de los casos necesita un segundo tubo más adelante, sobre todo cuando el tubo se cae pronto, en el niño más pequeño o cuando hay alteraciones craneofaciales. Esto es esperable y no significa que algo salió mal.

    ¿Toda otitis necesita tubo?

    No. La mayoría de los episodios de líquido en el oído se resuelve sola en semanas a meses. El tubo se considera cuando el líquido persiste y afecta la audición, o cuando las infecciones se repiten con líquido presente en el examen.

    ¿Existe alternativa antes de operar?

    Sí: observar y reevaluar cuando el cuadro es reciente, tratar la rinitis alérgica y evaluar la adenoide. En casos seleccionados, retirar la adenoide junto con el tubo ayuda a reducir recidivas. La elección depende de la evaluación individual.

    Referencias

    1. American Academy of Otolaryngology–Head and Neck Surgery Foundation. Clinical Practice Guideline: Tympanostomy Tubes in Children (Update). Otolaryngology–Head and Neck Surgery. 2022;166(1_suppl):S1-S55.
    2. Rosenfeld RM, et al. Clinical Practice Guideline: Otitis Media with Effusion (Update). Otolaryngology–Head and Neck Surgery. 2016;154(1_suppl):S1-S41.
    3. Hoberman A, et al. Tympanostomy Tubes or Medical Management for Recurrent Acute Otitis Media. New England Journal of Medicine. 2021;384(19):1789-1799.
    4. MacKeith S, et al. Ventilation tubes (grommets) for otitis media with effusion (OME) in children. Cochrane Database of Systematic Reviews. 2023;(11):CD015215.
    5. Kay DJ, Nelson M, Rosenfeld RM. Meta-analysis of tympanostomy tube sequelae. Otolaryngology–Head and Neck Surgery. 2001;124(4):374-380.
    6. Goel AN, Omorogbe A, Hackett A, Rothschild MA, Londino AV 3rd. Risk Factors for Multiple Tympanostomy Tube Placements in Children: Systematic Review and Meta-Analysis. The Laryngoscope. 2021;131(7):E2363-E2370.
    7. Qian ZJ, Truong MT, Alyono JC, Valdez T, Chang K. Tympanostomy Tube Insertion With and Without Adenoidectomy. JAMA Otolaryngology–Head & Neck Surgery. 2025;151(1):40-46.
    8. McCann ME, et al. Neurodevelopmental outcome at 5 years of age after general anaesthesia or awake-regional anaesthesia in infancy (GAS). The Lancet. 2019;393(10172):664-677.

    Este contenido es informativo, no sustituye la consulta médica y no reemplaza la conducta definida por tu médico.

    Sobre el autor

    Dr. José Eduardo Marcondes

    Médico Otorrinolaringólogo · CRM-SP 107.711 · RQE 43.840

    Formado y residente en la Escola Paulista de Medicina (UNIFESP), con más de dos décadas de experiencia. Enfocado en el tratamiento del ronquido y la apnea del sueño, la obstrucción nasal, la sinusitis crónica, las adenoides y las amígdalas, en adultos y niños. Miembro de la ABORL-CCF y del cuerpo clínico del Hospital Israelita Albert Einstein, Vila Nova Star y São Luiz.

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